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Como se suele decir, lo que es afuera es adentro, lo que es arriba es abajo. Estos son dichos referidos a nuestro estado como seres humanos. 

Cuando nos sentimos bien a nivel interno, se refleja a nivel externo. Suelo poner el ejemplo de aquel día que nos arreglamos en exceso, nos ponemos nuestras mejores ropas, nos afeitamos o pintamos la cara, nos perfumamos con perfumes caros y llenamos nuestra cartera de bastante dinero, esperando sentirnos bien, y al encontrarnos con alguien nos dice que qué nos pasa, que tenemos mala cara. Y no lo entendemos…. 

Otro día por el contrario, cogemos la camiseta y el pantalón más estropeado que tenemos, no nos dio tiempo de ducharnos, afeitarnos o pintarnos y ni nos perfumamos y tan solo llevamos unas monedas en el bolsillo. Curiosamente, al encontrarnos a alguien por la calle, nos dice que qué hemos hecho, que si fuimos a la peluquería o al barbero, que estamos resplandecientes….

Y es que el estado interno, es decir, cómo nos sintamos con nosotros mismos, se refleja en gran manera en el exterior, hacia los demás. Y de ahí la importancia, de revisar cómo nos sentimos con nosotros mismos, que pensamos de nosotros mismos. 

Porque si pensamos, sentimos y decimos cosas diferentes sobre nosotros, se nota esa incoherencia. Cuando una persona se observa y logra la coherencia, logra vibrar y sentirse muy cerca del estado de la felicidad que todos ansiosamente buscamos.

El problema de esto, es que el ritmo frenético de vida que llevamos, nos impide pararnos solo un momento a observarnos. Y darnos cuenta, de que quizás pensamos que queremos una cosa, sentimos otra, y hacemos otra, dando el resultado de no llegar a ningún lado.

Desde nuestro punto de vista, a esto se le podría llamar foco, dado que cuando pensamos, sentimos y hacemos realmente lo mismo, se afina como un láser consiguiendo rápidamente que todo cuadre para que eso pase. 

Pero no es culpa de nadie, sino falta de conocimiento de que en todo momento estamos influenciados por emociones, miedos,creencias y pensamientos limitantes y negativos e incluso conceptos, que no sabemos qué nos están afectando a nivel interno.

Cada vez que pensamos algo (tenemos más de 60.000 pensamientos al día, siendo muchos de ellos los mismos que tuvimos ayer), estamos creando una emoción sobre ello y tras ello una acción, pero tengamos en cuenta que cuando tenemos esa emoción, volvemos a tener un pensamiento sobre cómo me siento y vuelvo a reforzar esa situación.

Podríamos decir que somos presa de nuestras emociones, pero también de nuestros miedos, creencias, pensamientos y conceptos que ni tan siquiera sabemos cómo nombrar.

Y hasta que no nos liberemos de toda esa información, que a veces ni tan siquiera es nuestra, seguiremos siendo como marionetas, como barcos sin vela que no van al destino marcado por el rumbo deseado, sino por un viento invisible que los empuja a un lado o a otro dependiendo hacia donde sople.